Opinión

Catalejo

Catalejo

¿Por quién doblan?

En el vecino Haití ha ocurrido una tragedia de espanto. Un sismo de 7,3 grados en la escala de Richter ha cubierto de luto a los haitianos y a todos los pueblos de la tierra. Puerto Príncipe es hoy una réplica del infierno de Dante.

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece? ¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla? ¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe? ¿Quién puede desoír esa campana, cuya música lo traslada fuera de este mundo?  

En la tierra de Toussaint L’Ouverture y de Jean-Jacques Dessalines, la naturaleza desató sus fuerzas, comparadas con unas 400 mil toneladas de TNT. Un terremoto 35 veces más potente que la bomba atómica arrojada sobre Hiroshima. 

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Lo contrario pensaron los enemigos más encarnizados de Haití: Napoleón Bonaparte, Leclerc, Faustin Soulouque, François Duvalier, Rafael Trujillo, los halcones del Tío Sam… Por ambición de riquezas y poder, le colocaron cadenas al negro… y provocaron ríos de sangre.

En los 27, 750 kilómetros cuadrados de Haití, se ha luchado pulgada a pulgada contra la esclavitud, por la libertad e independencia, contra ocupaciones militares y el sometimiento… Un mal ejemplo para las oligarquías y potencias expansionistas a través del tiempo.

Ahora se impone el humanismo, recordando a John Donne: Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas. ¿Por Haití? No; doblan por ti.

El Nacional

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