Sueños y comedia
De Calderón a Leonel; de Dante a Miguel. Y don Hipo en soliloquios, mientras observa en lontananza a Rafaelito agitando los brazos.
Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando,/ disponiendo y gobernando;/ y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe,/ y en cenizas le convierte/ la muerte, ¡desdicha fuerte!/ ¿Que hay quien intente reinar,/ viendo que ha de despertar/ en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,/ que más cuidados le ofrece;/ sueña el pobre que padece/ su miseria y su pobreza;/ sueña el que a medrar empieza/ sueña el que afana y pretende,/ sueña el que agravia y ofende,/ y en el mundo, en conclusión,/ todos sueñan lo que son,/ aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí/ destas prisiones cargado,/ y soñé que en otro estado más lisonjero me vi./ ¿Qué es la vida? Un frenesí./ ¿Qué es la vida? Una ilusión,/ una sombra, una ficción,/ y el mayor bien es pequeño:/ que toda la vida es sueño,/ y los sueños, sueños son Calderón.
La guardia imperial, clama: ¡Despertad Miguel, despertad !
Oh vosotros que en una barquichuela/ deseosos de oír, seguís mi leño/ que cantando navega hacia otras playas,/ volved a contemplar vuestras riberas:/ no os echéis al océano que acaso/ si me perdéis, estaríais perdidos.
No fue surcada el agua que atravieso;/ Minerva sopla, y condúceme Apolo/ y nueve musas la Osa me señalan.
Vosotros, los que, pocos, os alzasteis/ al angélico pan tempranamente/ del cual aquí se vive sin saciarse,/ podéis hacer entrar vuestro navío/ en alto mar, si seguís tras mi estela/ antes de que otra vez se calme el agua… Dante.
