Danilo Medina ha llegado a la Presidencia rompiendo corozos, porque su entrañable camarada y amigo nunca quiso piedras en el camino reeleccionista. Tronchada la posibilidad del continuismo, Leonel Fernández no tuvo otra opción que aceptar el mal menor que para él representa Medina, condicionando su ascenso al solio con dosel.
Le impuso al barriga verde una vetusta chaperona por si le da gripe durante su mandato, que encarna ese pesado fardo de todo lo malo que hay que corregir, incluido el podrido aparato burocrático.
Dejó en el nidal una deuda pública por encima de los US$25 mil millones de dólares; y bajo su dominio los poderes Legislativo y Judicial, atados a todas las perversidades habidas y por haber.
Don Leonel Antonio Fernández y Reyna legó, al gobierno de Danilo y al país, la cultura de la corrupción, el tigueraje y el desorden institucional, para que uno y otro se reguilen ese trompo en la uña.
Es el precio de la estrategia balagueriana de esperar que el mango gotee, contrario a luchar desde abajo con valores éticos para cambiar lo que está mal y poder hacer lo que nunca se hizo a favor del país.
Danilo tiene un dilema frente a Leonel, Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio: contigo porque me matas, sin ti porque me muero. Lo demás es puro teatro, como cantaba La Lupe de Tite Curet.
Moraleja: No se debe pedir peras al olmo. Son diferencias nimias; no ideológicas; disputas por la silla de alfileres para servir al imperio, al gran capital y a las mafias económicas y políticas.
De modo, que los sueños de niño de Danilo podrían tener despertares terroríficos, como los que padecía Walter Gilman, en Los sueños en la Casa de la Bruja de Howard Phillips Lovecraft.

