El país puede ser estudiado antropológicamente con resultados sorprendentes, desde los genes y aportes científicos del dominicano Miguel Canela Lázaro, hasta la aplicación rigurosa del carbono 14 al señor Gendarme, clonado del genoma del superhéroe Hombre de Hielo, de Stan Lee y Jack Kirby.
¿A qué otra reflexión se puede llegar, luego de escuchar la hilarante respuesta ofrecida por el Gendarme de Guzilandia a la iniciativa de un grupo de ciudadanos para enjuiciar al expresidente Leonel Fernández y a su gestión de gobierno?
¿Merecen esos ciudadanos, que, por su propuesta política, se les pretenda reducir a meros cobardes, resentidos, perversos, agitadores, lúmpenes políticos y mediocres apandillados? Non, monsieur.
A sus epítetos altisonantes les había precedido una crónica periodística fantasiosa y pueril, sin firmar, pero de estilo conocido, confirmando, una vez más, que su autor sigue en sus devaneos con el caliesaje.
Entonces, todo esto obliga a recordar escenas como las ocurridas en el filme El gendarme desconocido, de Mario Moreno (Cantinflas), o sencillamente remitirse a la vasta filmografía del divertido Louis de Funès.
Y, con la merecida gratitud al mexicano y al francés, reír a carcajadas, hasta desternillarse, aunque corramos el riesgo de una subluxación articular de la mandíbula o de un infarto masivo al corazón.
Lo que sí le hace recobrar la compostura a cualquiera, pese a la cantinflada del señor Gendarme, es recordar los abusos de poder de su monarca y cortesanos, cometidos a la vista de todos y sin ningún rubor.
A los ciudadanos, que, reunidos en la universidad estatal, han propuesto el referido juicio político o juicio del siglo, no hay para qué defenderlos, porque les sobran méritos para hacer la propuesta.

