Opinión

Catalejo

Catalejo

Un amigo que labora en el cuerpo diplomático, me ha obsequiado un magnífico libro que narra la fuga de guerrilleros urbanos de cárceles uruguayas bajo la dictadura militar.

En la década del 1970, los dominicanos también padecíamos la represión del régimen de Joaquín Balaguer, quien en 1966 había sido designado gobernador de colonia por Estados Unidos.

Washington retornó a Balaguer al poder, luego de la Revolución de Abril de 1965 y la intervención militar yanqui. Ese mismo poder instaló la dictadura en Uruguay.

La CIA les envió a los uruguayos a Dan Mitrione, agente de la CIA, para entrenar a los esbirros, torturar y asesinar, siendo éste ajusticiado por los tupamaros.

Les dejo con un trocito de la historia, narrada por Eleuterio Fernández Huidobro, que nos recuerda esos aciagos momentos: Trece balazos rompieron la quietud de la noche en las rocas de Pocitos junto al Parador Kibón.

Cuando los asesinos se fueron, el sol fue iluminando lentamente el cuerpo acribillado de Manuel Ramos Filippini que hasta poco antes había estado con nosotros, preso, en Punta Carretas.

Tenía los brazos rotos. Había sido torturado.

Un comando parapolicial se lo había llevado de su casa… A la ola de atentados de todos los días, a la desaparición de Abel Ayala, las bandas fascistas agregaban ahora un nuevo método.

La estrategia de quienes realmente comandaban el proceso represivo era clara: “guatemalizar” el país, ensuciar la guerra… Acrecentar el terror hasta llegar al máximo.

Más o menos a la misma hora de la madrugada del sábado 31 de julio de 1971 en la que descubrían la fuga de 38 compañeras de la cárcel de mujeres, el viento arrastraba por las rocas de la costa los volantes dejados junto al cadáver: “Comando caza-tupamaros”.

El Nacional

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