Opinión

CATALEJO

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Anulfo Mateo Pérez

Violación sexual y su impacto.-

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Es común la reacción depresiva-ansiosa luego de la violación sexual, con sentimientos de culpa e ideación suicida; pesadillas evocando la escena y en ocasiones cuadros psicóticos, haciendo necesaria la intervención rápida de la familia y del psicoterapeuta para evitar en este caso que el paciente se quite la vida.

Algunos autores definen la violación sexual como “la introducción por la fuerza, la coacción o el engaño, del miembro masculino en los genitales femeninos”, pero esta no llena las expectativas al respecto.

Esta definición, que al parecer coincide con el armazón legal sobre este delito, es inexacta porque no recoge las circunstancias en que la violación puede ser cometida por persona del sexo femenino.

En este caso, al que nos hemos referido, puede suceder contra adultos, adolescentes o infantes de su propio sexo o del opuesto, además, se puede tratar de que victimario y víctima sean del sexo masculino.

Desde otra perspectiva, se trata de una conducta sexual que conlleva hostilidad hacia la víctima, aunque no haya penetración; se trata de un acto en que se fusionan los impulsos sexuales y agresivos.

Esta acción contra el abusado provoca un daño psico-social, incluyendo a parejas legalmente unidas, pero emocionalmente separadas, y el hombre mediante el chantaje o la violencia física posee a la mujer.

Cuando está ausente la fuerza física, pero sí la coacción, el victimario y/o su defensor legal niegan la violación, no obstante el uso del fraude, el engaño, el chantaje, las falsas promesas y otras estratagemas.

El violador es por lo general reincidente, pese a condenas legales y morales, por lo que hay que aplicar programas de prevención, educación y sanciones más severas, erradicando miserias sociales y económicas.

El Nacional

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