Más violencia en 2019
Este nuevo año se ha iniciado con un incremento de la violencia, sicariato como parte de las actividades del narcotráfico, asaltos a mano armada, muertes por accidentes de tránsito… todo ello generado por un capitalismo que reproduce hambre, desigualdad y modelos culturales basados en el egocentrismo.
Las ejecuciones extrajudiciales y otras actividades delictivas coronaron el cierre del pasado año, confirmando que no se trata de una casualidad, sino de una cascada de hechos vinculantes al sistema político.
Con el impreciso término “inseguridad” se trata de encubrir la dinámica de violencia permanente e integral, por los brotes escenificados por sujetos desempleados, excluidos, marginados y explotados.
Ese tipo de violencia es forzada, cuando los poderosos cierran las vías de la expresión organizada de la lucha de clases, libertad sindical, huelgas pacíficas y otras modalidades de protestas colectivas
De manera que el problema estructural de la violencia afecta a la sociedad en todas sus dimensiones: género y clases sociales, provocando miles de muertos al año, gran angustia y dolor en los ciudadanos. Es la reproducción del desorden institucional, corrupción e impunidad de los que gobiernan para su propio beneficio, mientras los de abajo sobreviven en la opresión económica y social; excluidos y discriminados.
Esas paupérrimas condiciones de vida potencia el individualismo del sujeto excluido de los bienes y servicios que debe garantizarle el Estado, y a su vez a “soluciones” que son apuntaladas con la violencia.
Para enfrentar con éxito esta situación hay que cambiar el sistema económico, social y político por otro, donde no exista la exclusión social, política ni económica, que garantice las libertades públicas y el orden

