Trujillo y su heredad
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Al ser ajusticiado el tirano Trujillo (30 de mayo de 1961), sin desearlo dejó su heredad a lo que se llama el “poder permanente”, que no está representado en el partido ni presidente del país, sino en los sectores económicos hegemónicos, estructuras militares, seguridad e inteligencia del Estado.
Y esto es así, porque en el nuevo estadio del desarrollo del sistema capitalista, el poder se desdobla en “poder permanente” y “poder temporal”; para perpetuarse se apoyan en el Estado.
Contrario a lo generalmente aceptado, el poder permanente ya no lo ejerce una persona; es la síntesis de una compleja, contradictoria y dinámica interacción, así como lucha entre grupos de la clase dominante.
Esa relación entre grupos económicos del poder permanente y poder temporal que les representan, pugnan por imponer su hegemonía, evidente en la lucha electoral de relevo, como ocurre en este momento.
No obstante, durante esas sordas disputas comparten el interés vital de garantizar la reproducción del sistema, liderado por el variopinto capital transnacional, asentado en EE.UU, Unión Europea y Japón.
En tanto, el poder temporal es ejercido por el partido político que en cada país ocupa el Poder Ejecutivo durante un período determinado, en alternancia o continuidad por uno que sea pieza de la partidocracia.
Esa dinámica está regida mediante elecciones periódicas, Constitución y leyes, pero en países con un sistema en crisis, las reglas son manipuladas, ignoradas o descaradamente violadas a conveniencia.
El que se exprese con firmeza contra el hegemonismo del poder será hostigado para ser cooptado; si resiste, los “aparatos” del Estado le colocarán la “espada de Damocles” sobre su cabeza.

