Si de algo carece la campaña electoral, preludio de lo que sucederá el 20 de mayo de este año respecto a la elección presidencial y vicepresidencial, es de un verdadero y sustancioso debate político.
Los temas esenciales en que debe centrarse la discusión son evadidos y cuando se tocan es a nivel de consignas vacías de contenido, pero repletas de una abigarrada demagogia clientelista.
Salud, educación, alimentación, vivienda, medio ambiente, soberanía política y económica, desempleo, globalización y mercados, narcotráfico, seguridad ciudadana, política migratoria son temas evitados.
La estrategia de la partidocracia es clara: ganar el favor del electorado demostrando que el adversario resulta peligroso para el país si llega a ganar las elecciones y el control del poder político.
Miente deliberadamente. Ella ha compartido siempre el poder; el predominio de un partido u otro no cambia esencialmente las cosas, porque representan el status quo y el atraso.
Esa partidocracia lleva más de medio siglo dirigiendo la República Dominicana y ha mantenido e incrementado todos los males de la sociedad, como si jugara a pisar su propia sombra.
Analfabetismo y baja calidad de la enseñanza, insalubridad, desempleo, pobreza, violencia, exclusión, discriminación, corrupción, autoritarismo, gansterización del poder, dictadura mediática son alarmantes.
Candidatos y partidos del sistema no se atreven a poner el dedo en la llaga, porque sería afilar cuchillo para su garganta; no aplican correctivos a esos males, porque gracias a ellos sobreviven.
Centran su accionar en la mentira, incluso en el orden personal, prometiendo villas y castillos a un electorado desesperado, para ganar su voto y luego gobernar para las mafias de todos los colores.

