Torre del balbuceo
Toda la Tierra tenía una misma lengua y usaba las mismas palabras. Los hombres en su emigración hacia oriente hallaron una llanura en la región de Senaar y se establecieron muy contentos allí.
Y se dijeron unos a otros: Hagamos ladrillos y cozámoslos al fuego. Se sirvieron de los ladrillos en lugar de piedras y de un extraño betún blanco blanquito en lugar de argamasa.
Luego dijeron: Edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo. Hagámonos así famosos y no estemos más dispersos sobre la faz de la Tierra. ¡E parriba que vamos!
Mas Yahveh descendió para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando y dijo: He aquí que todos forman un solo pueblo, todos hablan una misma lengua y todos comen solos, siendo este el principio de sus empresas.
Entonces, el semita Arturo del Tiempo Marqués dio inicio a la construcción de la Torre de Babel conocida luego como Torre Atiemar y al no hallar piedras utilizó ladrillos, unidos entre sí con argamasa de cocaína.
El dios asirio Ninurta olfateó el tóxico olor de tan extraña mezcla y mandó a trancar el Tiempo, con todo y reloj Rolex, e incautó el material. Al conocerse la noticia en la Torre Atiemar, todos se tornaron con la piel de gallina y los pelos de punta.
Y para evitar que pandiera el cúnico y se armara la de no te menee, una voz celestial dijo: Descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros. De modo tal, que todos los condóminos se volvieron sordos y mudos.
Así, con un picazo inaugural, Yahveh amarró la lengua de los adquirientes del vetusto inmueble. Y desde entonces, poco se sabe de Babilonia, de la Torre y de los sordomudos. Palabra de Dios, te alabamos Señor.

