No bien he terminado la serie sobre el falso debate electoral, y vemos cómo las denuncias contra la corrupción han sido manipuladas por la partidocracia, dando patadas de mulo sobre el espinoso tema. El gobierno reprime a periodistas y medios electrónicos con todas sus fuerzas coercitivas y desata una tormenta mediática contra quienes dan a conocer el saqueo del erario, para acallarlos.
En tanto, el PLD tira algunos puñetazos al aire y el PRD se distancia para evitarlos, dándose golpes de pecho y perjurando que nada sabe sobre las denuncias de corrupción oficial. Los candidatos presidenciales de esos partidos murmuran algunas frases casi ininteligibles y los ofendidos inquilinos del Palacio Nacional se defienden fieramente, sin hacer ni siquiera un acto de contrición.
Se anuncian con trompetas sometimientos judiciales contra los lengualarga, que airean documentos bancarios comprometedores de la prevaricación y enriquecimiento ilícito desde el Estado.
Así se derivará el asunto a los acostumbrados argumentos leguleyos, hasta que la fuerza del poder se imponga en los tribunales, constituidos por una justicia podrida que tiene amos conocidos.
En ese escarceo se da rienda suelta a toda clase de intriga contra quienes les emplazan; sacan trapitos al sol y se refuerza el andamiaje de la corrupción y el manto de la impunidad que les protege.
De existir una democracia verdadera, donde participen todos los sectores políticos, incluidos los de izquierda, por supuesto, entonces se verían forzados a una discusión conceptual.
Mientras el hacha va y viene, un guardia marine anuncia la construcción de una base militar gringa en la Isla Saona… y a partir del 21 de mayo veremos la vida continuar su agitado curso, como decía Rodriguito.

