En esta campaña electoral, los ideólogos aburguesados y su pragmatismo político, muy alejado este último, por cierto, de las ideas de Charles Sanders Peirce, John Dewey y William James, se apoyan en lo trivial.
La actividad electoral de los partidos políticos tradicionales, se fundamenta en una plataforma propagandística mendaz, de la que paradójicamente sus prohijadores se quejan.
La mentada campaña sucia, sin límite alguno, es donde se ha refugiado el accionar de los partidos que responden a los sectores dominantes, para atacar a sus rivales.
PLD y PRD se declaran víctimas, pero esa suciedad va dirigida a manipular al electorado, que se divierte, por ejemplo, con las denuncias de corrupción, como si se tratara de fuegos artificiales.
Campaña sucia no es dar a conocer lo que todo el mundo conoce, lo verdaderamente sucio, asqueroso y fétido es embaucar a los más ingenuos con promesas electorales que nunca se cumplen.
Saben que la propaganda maliciosa es un medio para ejercer influencia en la opinión y en la conducta de la sociedad; buscando «impresionar más que convencer; sugestionar, más que explicar.
La guerra de encuestas falseadas es parte del engaño, basado en lo que se conoce como la impresión de la totalidad, es decir, la tendencia a seguir lo que expresa el grupo íntimo, no al conjunto de la nación.
En esta campaña electoral, más que una confrontación de ideas y programas de gobiernos de los candidatos, vemos la puesta en escena de clisés técnicos, de los equipos tras bambalinas.
Ahora, el grupo oficialista luce arrinconado y a la defensiva, respondiendo acusaciones de corrupción, que afectan la ya mal trecha imagen gubernamental y en consecuencia sus candidaturas.
Esperemos el contraataque.

