Opinión

CATALEJO

CATALEJO

Transcurría la dictadura de Trujillo y el haitiano había sido apresado por el alcalde pedáneo de la sección Pedro Corto, San Juan de la Maguana, por un supuesto robo de auyamas.

El desdichado haitiano se negaba a confesarse culpable y llevar a su captor a donde estaba el cuerpo del delito. En presencia de algunos vecinos, el alcalde tomó una soga, la dobló en dos, la mojó y le aplicó un foetazo.

— El haitiane, cuando dice no va hablá, no hable.

El alcalde vuelve y moja la soga y le aplica otro latigazo más fuerte, y el torturado responde con mucha firmeza:

— Cuando haitiane dice no va, no va.

Entonces, el representante de la “ley” toma la soga, esta vez la dobla en cuatro, la moja y la descarga con mucho más fuerza contra la espalda del apresado, y éste expresa con orgullo.

— ¡Yo va hablá, pa’ evitá pendejá!

Las palabras de Leonel Fernández renunciando a sus aspiraciones reeleccionistas me trajo el recuerdo de esa anécdota.

No es cierto lo de su popularidad, ni que se abstendrá de sus aspiraciones por una decisión desinteresada, sino por su evidente desgaste político y el gran rechazo nacional.

Fernández está consciente que desataría una crisis de ingobernabilidad, si usa de nuevo los recursos del Estado para imponerse.

Sabe que su continuismo crearía serias fisuras en el seno de su partido, donde muchos de sus miembros han testimoniado que no votarían por él para un nuevo período presidencial.

Aníbal Barca, a quien se refirió el mandatario en su discurso, se abstuvo de tomar a Roma por temor a su “destrucción”, pero luego tuvo su batalla de Zama y su Escipión, que lo derrotó.

 La renuncia de Leonel a repostularse no se debe al impedimento constitucional, ni a un gesto de desprendimiento político, sino “pa’ evitá pendejá”.

El Nacional

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