Un día como hoy, en 1961, tropas mercenarias auspiciadas por Estados Unidos desembarcaron en Cuba, con el propósito de revertir el proceso revolucionario encabezado por Fidel Castro.
Antes, el pueblo cubano en armas había derrotado la dictadura de Fulgencio Batista, iniciándose el 1 de enero de 1959 un proceso de justicia social y económica.
La invasión contra la joven revolución tenía el propósito de retornar el país a sus viejos amos imperiales y a los serviles locales. Lejos de eso, empujó a la declaración formal del Estado socialista.
El entonces presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, ordenó el 17 de marzo de 1960, iniciar el reclutamiento de mercenarios de origen cubano para invadir a Cuba. Para ello, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estableció 13 campamentos de entrenamiento esparcidos por Guatemala, Nicaragua, Estados Unidos, Puerto Rico y Panamá.
Días después de las elecciones en Estados Unidos, el 18 de noviembre de 1960, la CIA expuso al presidente electo John F. Kennedy los pormenores del plan, y éste aprobó la idea.
Se produjo el desembarco de la Brigada 2506, integrada por mil 500 hombres, tanques y artillería de campaña, escoltada por aviones B-26 de Estados Unidos.
El plan desestabilizador iba acompañado, además, de una profusa campaña de descrédito contra Cuba y sus dirigentes
El Ejército Rebelde, la Policía Nacional Revolucionaria y milicianos voluntarios, con escasa o ninguna experiencia combativa, enfrentaron la agresión.
Esas fuerzas, dirigidas en el terreno por el líder de la Revolución, Fidel Castro, no dieron tregua al enemigo y a las 17:30 hora local del 19 de abril, la invasión estaba sofocada.
Medio siglo después, Cuba sigue siendo un referente revolucionario, pese al anacrónico bloqueo económico, el injusto apresamiento de los cinco héroes antiterroristas y a las acciones encubiertas del imperio.

