Para muchos, la política es entendida como el arte de mentir para alcanzar o mantenerse en el poder, no la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad.
Cada sujeto social tiene su propia percepción de los fenómenos sociales, políticos y económicos, según sus particulares intereses y los del grupo al que pertenece, supeditada a la conciencia de clase.
También pueden ser percibidos de forma distorsionada por influencia del carácter clasista predominante en la sociedad, que condiciona la forma de analizar estos fenómenos.
La ideología es uno de los instrumentos de dominación de una clase sobre otra. Su rol es tan significativo, que Carlos Marx fue expulsado de París en enero de 1845, por escribir artículos revolucionarios.
A propósito de todo lo anterior, ciertos teóricos insisten en estigmatizar al amplio segmento que para este 16 de mayo NO votará o llama a votar por Ninguno de los candidatos y candidatas del status quo.
Están acusando de radicales a los que NO desean legitimar con su voto este proceso electoral manipulado e indecente, donde se venden y compran voluntades, como en el proxenetismo.
Contrario a lo que piensan esos teóricos, el NO votar es una conducta activa, resultado de la conciencia política, acumulada por muchos años en un amplio segmento del pueblo dominicano.
Esa franja discierne que el derecho al voto ha sido secuestrado por la partidocracia, impidiendo así que los obreros, y otros sectores, sean representados en los ayuntamientos y en el Congreso Nacional.
Esta tragedia permite, que cada vez más ciudadanos respondan a la interrogante del ¿To be or not to be? de Shakespeare, evadiendo la trampa que lleva a votar por los candidatos menos malos.

