La violencia contra la mujer es estructural; emana del Estado como expresión de clase y de la ideología predominante en la sociedad.
Sabido que el Estado es un órgano de opresión de una clase sobre otra, es comprensible que sea el creador del «orden» que legaliza y afianza la violencia de género y el feminicidio en particular.
Ese fenómeno es parte de otras formas de violencia a que es sometida la mujer por la clase dominante y el Estado patriarcal opresor.
Cuando el Estado genera desigualdad, división sexual del trabajo y subordinación de género, el feminicidio es un crimen de Estado.
La República Dominicana y Cuba mantienen tasas muy elevadas de divorcios y rupturas de uniones consensuales. En el 2009, el divorcio en Cuba fue de 64 por cada 100 matrimonios, porcentaje aproximado con el de República Dominicana.
No obstante, el feminicidio en Cuba tiene escasa incidencia; no es ni por asomo una expresión de esa alta tasa de divorcios, separaciones y conflictos conyugales.
¿Existe cultura machista en Cuba? Sí, ¿Hay inequidad de género? Sí. Son aún reflejo y herencia del pasado. Pero el Estado no promueve esos antivalores, como ocurre en República Dominicana.
Al contrario, el Estado cubano lucha contra ellos e impone drásticas sanciones legales y morales a quienes prevalidos de su masculinidad ejercen cualquier expresión de violencia contra la mujer.
La madre soltera en Cuba ejerce su albedrío; no está supeditada al hombre. Ella, dados sus altos índices de desarrollo humano, y el Estado, contribuyen al desarrollo biopsicosocial de la prole.
En República Dominicana, la pensión de manutención que debe otorgar el hombre marginado y empobrecido, es, en muchos casos, el detonante de la violencia que termina en feminicidio.

