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Catalejo: La envidia

Catalejo: La envidia

Anulfo Mateo Pérez

Por Anulfo Mateo Pérez anulfomateo@gmail.com |

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Para diagnosticar la personalidad narcisista, donde la envidia es una manifestación importante, debemos apreciar en el sujeto la auto exageración de sus méritos y valores; fantasías megalomaníacas; convicción de ser especial; demanda excesiva de admiración y conductas arrogantes y soberbias.

Para el psiquiatra austríaco Alfred Adler (1870-1937), la envidia se configura en familia cuya dinámica se caracteriza por competitividad y rivalidad en recuperar el trono de atenciones y afectos de los padres. Los niños mayores y menores suelen ser los más vulnerables a la envidia en ese contexto. El hermano mayor, objeto de privilegios y atenciones, se ve “destronado” de su reinado por la llegada de un hermanito.

Asimismo, suele ocurrir que el hermano menor al ser objeto de mimos y protección excesivos, y cuando sale del ambiente familiar habitual, tiene que afrontar un mundo despiadado, difícil y frustrante.

Hay que valorar que la intensidad con la que se expresa la envidia depende de cuán bien se mantenga bajo control; el agotamiento mental, estrés agudo y alcohol pueden acentuar los resquemores envidiosos.

La envidia se asocia al displacer, frustración, amargura, rencor por la alegría y bienestar del otro que considera su adversario. El envidioso querría tener los atributos de los demás, que entiende no puede alcanzar.

El sujeto afectado por ese enfermizo sentimiento, envidia de los demás la actitud, el prestigio, el modo de hacer las cosas, su inteligencia, la madurez, la estabilidad emocional y de pareja, si su “competidor” la tiene.

Esa impotencia mostrada se transforma y expresa a través de la ira, cólera, agresividad, violencia, frustración e incluso de la difamación, calumnia o, en el peor de los casos, hasta en el asesinato.

El Nacional

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