Con un elenco de importantes figuras del canto del país llegó al escenario de la sala principal del Teatro Nacional Eduardo Brito, la Zarzuela Cecilia Valdés, obra cumbre del teatro cubano y en el que la puertorriqueña Melliangee Pérez, quien tuvo el rol protagónico, junto al tenor dominicano Edgar Pérez, dio nuevas muestras de su gran voz.
La tradicional historia llevada a las tablas, rememora la vida de la hermosa mulata Cecilia Valdés, quien nace fruto de la relación de un adinerado hacendado y una humilde mulata. Este hacendado, bien representado en escena por Mario Lebrón, tratando de ocultar a su familia esta falta, quita la hija a su madre y la lleva a una casa donde crían niños, todos con el mismo apellido Valdés.
Es así como su madre muere de tristeza y demente, por la pérdida de su hija, y Cecilia crece y se enamora de su propio hermano, hijo del hacendado, con quien tiene un hijo. Las presiones sociales y de su madre, excelentemente representada por Elvira Taveras, hacen que éste abandone a Cecilia y se case con una chica de su nivel social. El día de la boda, un fiel enamorado de Cecilia, empujado por el dolor que ésta siente, mata al novio.
Además suben a escena grandes voces como la del tenor Antonio Barasorda, la soprano Martha Pérez y Fausto Cepeda. La orquesta acompañante “Los Caballeros Montecarlo” estuvo dirigida por Alfredo Munar. Enid González personifica a Isabel Ilincheta; el barítono dominicano Eduardo Mejía, en el rol de José Dolores Pimienta; Juan Tomás Reyes, Ondina Matos, Miguel Lendol, Pedro Pablo Reyes, María Isabel Valenzuela, Kalyane Linares, Yorya Lina Castillo y Antonio Melenciano.
La escena muestra una escenografía que aporta mucho al colorido de la historia y ubica a la perfección en los momentos vividos en este contexto. Sin duda el fuerte es la unión de muchas buenas voces en escena, algunos con sus altas y bajas, pero todo en su conjunto, llena su cometido. La dirección artística es del maestro Antón Fustier, José Miura en la escenografía; Iván Miura en el vestuario, Armando González en la coreografía de los miembros del Ballet Nacional Dominicano y Reinaldo Fustier, en la asistencia técnica. Es una producción de la Sociedad ProArte Latinoamericana.

