Los médicos no las han tenido todas consigo por la indolencia y excesos que han exhibido en sus frecuentes paros hospitalarios y en otras acciones como parte de su lucha reivindicativa. Pero si los galenos han dado pasos en falso y deplorables las autoridades definitivamente los han superado con sus salidas para regatear las demandas salariales de los profesionales de la salud.
Si el Gobierno no quiere o no puede aumentar los sueldos de los médicos es una cosa. Y otra muy diferente que para descalificar las exigencias de los médicos se alegue, como acaba de hacer el secretario de Salud Pública a propósito de la marcha de ayer al Palacio Nacional, que en los hospitales hay un personal supernumerario, con profesionales que no cumplen con sus labores y por demás con bajísimo rendimiento.
Si es así, que no se discute, ¿por qué en lugar de denunciar una inaceptable irregularidad el funcionario no procede contra los incumplidores? ¿O es que acaso espera que lo emplacen para actuar contra los funcionarios que no hacen más que sangrar al erario y hasta poner en riesgo la vida de pacientes?
Hay antecedentes de funcionarios que han tenido el valor de enfrentar a gremios, saliendo incluso airosos porque lo han hecho con pruebas documentadas. Es lo que tiene que hacer el secretario de Salud Pública respecto a esos médicos que no cumplen ni rinden, antes que caer en denuncias politiqueras.
A nadie sorprende, en honor a la verdad, que los hospitales estén saturados de médicos, que por demás tampoco cumplan con sus labores. Después de todo, el exceso de personal es un pesado lastre que carga el erario. Por ejemplo, habría que ver si la propia Secretaría de Salud Pública necesita la caterva de subsecretarios, asesores, asistentes y demás personal con que cuenta.
También resulta baladí el argumento de que satisfacer el reajuste que reclaman los médicos implicaría suspender los programas fundamentales de salud, particularmente los de prevención y atención de enfermedades catastróficas. Porque en esa materia la cartera no ha demostrado mucha eficacia.
No son los únicos yerros en que se ha incurrido últimamente frente a los galenos. No se puede olvidar el papelazo de los legisladores, que después de engatusar con promesas a los profesionales al final no lograron ponerse de acuerdo sobre las iniciativas para satisfacer la demanda.
Pese a los pasos en falso la demanda de los profesionales para que sus sueldos sean llevados de 22 y 23 mil pesos mensuales a 58 y 59 mil hoy cuenta con la simpatía de muchos sectores. Y puede decirse que con la torpeza de funcionarios que en el pasado auparon las huelgas hospitalarias, esas simpatías son mayores.

