Antes que profeta en su tierra, Jorge Bergoglio, bautizado como el Papa de los pobres, ha estado siempre en el centro de la lucha política en Argentina. Los apenas 22 minutos que duró la entrevista con el presidente Mauricio Macri y el collar bendecido que hizo llegar a una dirigente kirchnerista presa por alegados actos de corrupción han puesto la figura de Su Santidad en el ojo de la tormenta.
La diputada Elisa Carrió, quien ha hablado siempre sin ambages, le reprochó al Papa que no ayuda a pacificar a Argentina y lo acusó de un doble discurso. Pero además le espetó que se rodeaba de personas menores y que le gustaba el chisme político.
En Argentina al religioso se le tiene como simpatizante del peronismo, pero no de la línea diseñada por el finado presidente Néstor Kirchner y liderada por la expresidenta Cristina Fernández. El collar que regaló el Papa a la reclusa Milagros Salas encendió los recelos, que se incrementaron con la simbólica entrevista con el presidente Macri.

