Editorial

  Chantaje

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Dirigentes del transporte han amenazado con perpetrar “hechos impredecibles y lamentables” a partir de la apertura el viernes del Metro de Santo Domingo, a menos que el Gobierno les ceda el control de las rutas alimentadoras de ese sistema de transporte, un inaceptable chantaje  que las autoridades están  en el deber de enfrentar.

Se supone que la primera línea del Metro  será la negación al estadio del caos y anarquía que  prevalecen en el transporte urbano e interurbano, por lo que mal haría la Oficina de Reordenamiento del Transporte (Opret) en permitir que esa costosa vía ferroviaria se conecte con  el desorden.

Lo que se ha prometido es incorporar en una primera etapa unos cien minibuses  nuevos y confortables, operados por personal entrenado, para transportar pasajeros desde diversos puntos hasta las estaciones del Metro con salida y llegada continuas y controladas.

Mentados “dueños del país” recurren ahora a la amenaza de repetir acciones “impredecibles y lamentables” para obligar a la Opret a  entregarles el control del  sistema subsidiario de transporte terrestre, lo que convertiría al Metro de Santo Domingo en una extensión del caos.

No se objeta la participación de empresas o asociaciones de transporte en  la operación de las rutas alimentadoras  del Metro; lo que se rechaza a todo pulmón es que, mediante el chantaje o la extorsión, se pretenda convertir ese proyecto modernista en otro botín de filibusteros.

Es claro que quienes  aspiren a incursionar en las rutas que conectarán con las 14 estaciones del Metro tendrán que cumplir al pie de la letra con los requerimientos de disponer de flotillas de vehículos  en óptimas condiciones, personal debidamente capacitado y cumplir cabalmente con el protocolo diseñado para esos fines.

Es menester advertir a esos mercaderes del transporte que han quedado atrás los tiempos de canjear anarquía por exoneraciones, préstamos graciosos o de ejercer control medalaganario de un servicio de orden público e interés social que ha degenerado en una maldición colectiva.

El reordenamiento del transporte  público de pasajeros debe iniciar a partir de la puesta  en operación del Metro de Santo Domingo, un proceso imperioso e irreversible que no debe detenerse hasta lograr la meta de un servicio eficiente, puntual, ordenado, masivo y asequible.

Ante la amenaza de gente insensata y sin escrúpulos de alborotar al Metro de Santo Domingo, no queda más que exigir a la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) y a la Policía que cumplan con su deber  de preservar el orden público y garantizar el derecho del ciudadano a transitar libremente sin ser agredido o ultrajado.

El Nacional

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