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Cine y sociedad

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‘Spectre’: convencional y repetitiva –

Como es usual en las películas Bonds, ‘Spectre’ comienza de forma competente con una secuencia inicial en México en pleno apogeo de la celebración del Día de los Muertos, en la que el director Sam Mendes hace galas de unos impresionantes efectos visuales, por cierto, más creíbles y realistas que los absurdos y fantasiosos de otros capítulos.

A partir de allí, sin embargo, lo que sigue es una rutinaria y plana película de acción que recurre a los mismos trucos de antaño (a pesar de que los artilugios proporcionados por M esta vez son escasos): atractivas mujeres, exóticas locaciones y frenéticas y estrambóticas persecuciones, ya sea por tierra, en el agua o en el aire.

El problema con todo esto es que a pesar del espléndido diseño de producción y de la espectacular fotografía, el director Mendes no puede evitar que el film se sienta derivativo y repetitivo. Ni siquiera el constante cambio de locación –de México a Roma, de Austria a Marruecos y de allí a Londres –, consigue elevar la película del lugar común.

Y esto se torna aún más grave si tomamos en cuenta que aquí, por primera vez en mucho tiempo, el villano que encarna ChristophWaltz, dentro de la misma tesitura que exhibió en su reconocido rol de InglouriousBasterds eso sí; genera mayor interés, al menos en su primeras apariciones, que la que inspira el desganado Daniel Craig.

Tal vez Spectre no fue el proyecto adecuado para cerrar la participación de Craig como el agente 007 –si esto acaso llega a suceder–puesto que en cierta forma la trama de este film representa una especie de relanzamiento de la galería de villanos a los que debe enfrentarse Bond.

La expresión ‘Spectre’ se refiere sencillamente al nombre de la organización criminal bajo la que estos villanos operan, y cuyo propósito por supuesto, no es otro que sembrar el caos y la destrucción en el mundo. Y si este film resulta ser la despedida de Craig, como se especula, ¿qué sentido tiene entonces haberla reintroducido en tal circunstancia?

En fin, la película tiene sus momentos indiscutiblemente, como la bien coreografiada pelea en el tren o la persecución en las calles de Roma. Sin embargo, tiene mucho más peso lo que uno echa en falta en la producción que sus bondades.

El Nacional

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