Para un blockbuster que comenzó de forma tan promisoria, como lo hizo la original Iron Man, mezclando de forma efectiva cine de acción y una historia con cierto nivel de inteligencia, plena de picardía, y una actuación enérgica y auto satírica de Robert Downey Jr.; este nuevo capítulo del nombre de hierro resulta bastante decepcionante.
Esta vez no hay una historia, sino múltiples subtramas que no conducen a ninguna parte. La historia arranca un poco más delante de donde terminó la anterior. Como se sabe Tony Stark (Downey Jr.) ya reveló que es el hombre detrás del traje de hierro y como tal le cabe el honor de haber conseguido la paz, donde gobiernos y militares fallaron.
Pero no todos están felices y contentos. Ni siquiera el gobierno, quien quiere tener control absoluto de la armadura de Tony. También tenemos al ruso Ivan Danko (Mickey Rourke), cuyo padre murió en la ruina y el olvido después de haber trabajado en Stark Industries. Así que Ivan viene a pasar factura en plan de amarga venganza. Y la trama no termina ahí. Además tenemos al pequeño villano Justin Hammer (Sam Rockwell) que tiene sus propios planes para crear su propio ejército de hombres de hierro.
En fin, todo ello sin mencionar el motivo romántico de turno, además del que ya representa por sí misma Gwyneth Paltrow, y sobre todo, el hecho de que los efectos secundarios del corazón artificial de Tony están acabando con su vida.
Aquí hay de todo, y probablemente por ello el film no funciona, no emociona ni cautiva como lo hiciera la anterior. Hay una batalla campal e implacable al final, pero en realidad aquí no hay mucha acción. Por el contrario hay muchos diálogos y unos efectos que increíblemente carecen de brillo.
Pese al gran reparto, los personajes son puras viñetas. El personaje de Rourke tiene una impactante presentación, pero su peso en la trama no es mayor que el que tienen los efectos visuales. Sólo el carisma y la habilidad de Downey Jr. para moverse como pez en sus aguas mantienen el film a flote. A la película le irá bien entre el publico juvenil, pero aún entre ellos surgirá el desencanto. Aquí hay demasiado torpeza y obviedad como para no sentirse aludido.
