Opinión

Cóctel de ironías

Cóctel de ironías

Más que asombrar,  hiere la ironía con que, en cada coyuntura, se juega con la inteligencia de la gente. Qué más puede decirse de la irrupción de la claque sindical, que apenas se representa a sí misma, y funcionarios públicos, incluyendo al ministro de Trabajo, frente a la revisión de leyes laborales planteada por el sector empresarial. Los sindicalistas, los mismos que han guardado silencio frente al drama de los trabajadores cañeros y a la destitución como juez de la Suprema Corte de Justicia del doctor Julio Aníbal Suárez, han amenazado con movilizar al movimiento obrero si se tocan las conquistas contenidas en el Código de Trabajo.  Parece que esos señores, que no movilizan ni siquiera a los choferes, no se enteraron que uno de los pretextos para destituir a Julio Aníbal de la Suprema habría sido la presión de los empresarios por el compromiso del magistrado con los derechos de los trabajadores. Aunque en el fondo el voto responsable sobre el caso de la Sun Land fuera la verdadera razón. Pero de todas formas, la burocratizada claque sindical optó por un bozal.  El vía crucis de los viejos y enfermos trabajadores cañeros por una pensión a la que tienen derecho retrata de cuerpo entero a la mediática dirigencia sindical. Como si no fuera suficiente con el papel teatral de los “sindicalistas”, algunos funcionarios se han ocupado de aportar su buena dosis de ironía a la revisión del Código de Trabajo planteada por el sector empresarial. Y de nuevo asoma en el horizonte el caso de Julio Aníbal, quien, a propósito, ha cuestionado como nadie el sistema judicial al declarar que ningún juez está en capacidad de asumir un recurso contra las decisiones del Consejo Nacional de la Magistratura. ¿De qué derechos se habla entonces? Toda la alharaca no es más que un bulto de sectores que quieren hacerse los simpáticos con la población.  Y mejor ni hablar de la libertad sindical, una prerrogativa que simplemente no existe.

El Nacional

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