El ingeniero Bernardo Castellanos ha vuelto a con datos contundentes en relación a la pesada carga para los consumidores de la tarifa eléctrica. Su probada capacidad y experiencia lo acreditan para abordar un problema complejo, que tanto incide en la economía y en las condiciones de vida de la mayoría. Castellanos sostiene que el aumento de la tarifa no ataca la raíz del problema, como según él es el caso de que las distribuidoras no facturan, por carecer de medidores, cerca del 40% de la energía. Pero también cita supuestos excesos en el sector para justificar una tasa que penaliza a los pobres y la clase media con aumentos de hasta 120%, mientras a los ricos se les rebaja entre un 20 y un 25%. Para sustentar su afirmación, refiere un estudio patrocinado por la Comisión Nacional de Energía según el cual las distribuidoras no necesitan más de 1,561 empleados para operar con eficiencia, pero que a abril de este año el número era de 5,319. Lo cierto es que con el impacto que tiene la energía en todas las actividades las observaciones de Castelleanos son dignas de tomarse en cuenta. Al menos si se quiere enfrentar el problema eléctrico.
