Página Dos

Cójanlo

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La confesión de un fiscal de La Altagracia de que tuvo que dejar un caso, y no simple, por presiones que se suponen superiores puede que sea la tapa al pomo sobre las supuestas irregularidades en el Ministerio Público de que se ha hecho eco El Caribe. El fiscal César Alcántara reconoció que en el proceso contra el español Rubén Ramos,  acusado de violar a una alemana, fue obligado a inhibirse por alguien no identificado que le dijo que ese hombre no podía caer preso. Pero resulta que ese Rubén Ramos no era otro que Ricardo Diez Conde, quien una vez se enteró de que Estados Unidos lo había solicitado en extradición por narcotráfico y lavado de activos, escapó sin dejar huellas. Como parte del malestar sobre el Ministerio Público en Higüey que ha publicado el diario El Caribe se dice que nada menos que un fiscal fue quien puso en auto a Diez Conde para que dejara el limpio. La confesión de Alcántara es el mejor testimonio para la Procuraduría General de la República extirpar y no maquillar la mancha que se cierne sobre los llamados jueces de la querella en la provincia del Este. No se trata de una denuncia anónima, sino de la confesión  de un fiscal.

El Nacional

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