Si la Secretaría de Trabajo ha minimizado las 2,700 plazas suprimidas por el Grupo M, las 900 cancelaciones de la Falconbridge y otros desahucios cualquiera quisiera saber qué sería lo preocupante para esa institución.
Porque hay que tener mucho tupé para no dar importancia a la cancelación en lo que va de año, conforme a sus propias estadísticas, de 126 mil trabajadores.
Denuncias de sindicalistas y cotejos periodísticos dan cuenta de que sólo en los últimos dos años los despedidos superan los 300 mil. Pero lo más probable es que durante ese período se registrara, para el sector oficial, un incremento del empleo.
Salvo el caso de la Falconbridge no todos son relacionados con la crisis financiera que golpea a Estados Unidos y las grandes economías. Muchas, como las del Grupo M, han sido atribuidas a los altos costos de producción.
El temor que han expresado dirigentes empresariales es que la crisis internacional, cuando entre de lleno, surta efectos devastadores en la economía.
Al minimizar la ola de despidos de estos días y en lo que va de año se tiene la impresión de que la Secretaría de Trabajo cuenta con alguna eficaz estrategia para reubicar a los cesanteados.
De otra manera no se explica que ni siquiera reclame algún tipo de comprensión a los empleadores antes de abocarse a salidas tan dolorosas. Porque no se puede ser tan indolente frente al drama de personas que pierden sus puestos y sin esperanzas de recuperarlos.
