Lejos de admitir cualquier tipo de dispendio, comienza a notarse el interés del oficialismo en atribuir el sobregiro que el Gobierno busca enfrentar con más impuestos al subsidio al sector eléctrico y al déficit cuasi fiscal del Banco Central. Y, de paso, al Gobierno de Hipólito Mejía. La campaña está en pie. Luce, sin embargo, que será muy difícil que prenda cuando sólo en gratificaciones, sobresueldos y combustibles se gastaron unos 22 mil millones de pesos en los primeros seis meses de este año. Pero además cuando el hoyo que generó la crisis bancaria fue de unos 80 mil millones de pesos, en tanto que el sobregiro que ha motivado la reforma tributaria ha sido calculado por las propias autoridades en 187 mil millones. Es posible que el déficit cuasi fiscal del Banco Central, que supera los 260 mil millones y que ahora se enarbola como responsable de la crisis, se preste también a debate, pues se tiene entendido que ha habido retrasos del Gobierno en la amortización. Los recursos adicionales que se otorgaron a varias entidades, sin ni siquiera justificarse, fue en virtud de un presupuesto complementario. Todo lo cual significa que justificar el sobregiro será muy cuesta arriba.
