Página Dos

CÓJANLO

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El caso de Todd Willingham, ejecutado en 2004 en Texas por un crimen del que se ha comprobado que era inocente, ha replanteado el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos. Willingham insistía en que era inocente del incendio de la casa familiar que causó la muerte a sus tres hijas. Sin embargo, en base a falsos testimonios, investigaciones sin rigor y a una cuestionada defensa de abogados, de oficio el jurado lo sentenció a la pena capital. El juicio se celebró en 1992, pero la ejecución se realizó en 2004. Como habían reconocido otros especialistas de 2004 a 2006, un informe actual señala que el incendio fue accidental y que la víctima era inocente.  Se determinó que hubo ausencia de peritajes, un falso diagnóstico del siquiatra que declaró al reo como un “sociópata peligroso”, aunque no lo había visto nunca y otras fallas judiciales. Se trata más que de un caso de conciencia. ¿Cuántos no habrán sido ejecutados en las mismas condiciones? El error, por más grave y conmovedor que sea, no devuelve la vida al recluso, pero cuestiona el sistema judicial y particularmente la aplicación de la pena de muerte en Estados Unidos.

El Nacional

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