Con una deuda a los generadores que ronda los 505 millones de dólares son todavía moderadas las interrupciones en el servicio eléctrico. Con relación a 2009 los atrasos representan un incremento de 55 millones de dólares, que no es jícara de coco. Aún así los apagones son apenas de dos y tres horas, aunque hay que aclarar que ocurren a cada momento y cuya frecuencia en algunos barrios han servido de detonante para protestas sociales. Puede que haya bastante energía, como dice el administrador de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), Celso Marranzini, pero el problema está en que la población recibe el servicio como si existiera una gran crisis: a cuentagotas. Por más que las autoridades traten de ocultarlo todo parece indicar que la causa de la presente crisis en el suministro de electricidad tiene que ver con la astronómica deuda con los generadores. De mantenerse los atrasos es posible que los apagones vuelvan con la furia de sus buenos tiempos, incluso con la posibilidad de una caída general del sistema. Al menos en lo que los nuevos administradores de las Edes comienzan a cobrar a los usuarios.
