La muerte a balazos de un estudiante de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) durante protestas sociales en Licey al Medio ha traído a colación el viejo debate sobre el uso de armas de fuego para enfrentar las movilizaciones. El rector de la UASD, Franklin García Fermín, desaprobó que las fuerzas policiales usen armas de guerra para controlar manifestaciones y protestas de grupos populares y estudiantiles. El problema es complejo. Si bien la Policía no debería usar el artefacto bélico, el conflicto está en que muchos participantes en protestas tampoco andan desarmados. Muchos agentes han resultado heridos en refriegas por encapuchados durante movilizaciones populares. En muchas ocasiones a los agentes no les dejan más opción que la de defenderse. E incluso con los niveles que ha alcanzado la delincuencia es arriesgado enfrentar algunas acciones con balines, que sería lo ideal, o con chorros de agua. Por supuesto que es muy lamentable y cabe esperar que se aclare la muerte del estudiante de término de Contabilidad, Alfredo Gómez Núñez. El caso de las armas de fuego tiene que ponderarse con la mayor frialdad.
