Los indignados de Nueva York han soltado a la clase política para culpar a los millonarios de la crisis que ha mermado el empleo y encarecido el costo de la vida. Al grito de impuestos a los ricos y la formulación de la interrogante ¿dónde está mi rescate financiero?, los manifestantes pasaron frente a las residencias de algunas de las familias más ricas de la ciudad, como los magnates Rupert Murdoch, Jamie Dimon y David Koch. La consigna contra los millonarios constituye un respiro para el presidente Barack Obama, cuyo plan para encarar el déficit fiscal y relanzar la economía contempla aumentar el tributo a las grandes fortunas. Sin embargo, el hecho de que todavía no se haya actuado judicialmente contra los responsables de la debacle de 2008 es un punto en su contra. El Gobierno ha anunciado que los banqueros que provocaron la crisis tendrán que responder ante los tribunales, pero a la fecha no ha habido el primer sometimiento por esa causa. Por más simbólico que incluso se le pueda ver, el paso de los indignados de enfrentar a los ricos no deja de ser conflictivo. Por una razón muy sencilla: por unos no pueden pagar todos.
