La pobre OEA
Como era de esperarse, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, candidato a reelegirse en el cargo, ha tendido una alfombra de legalidad al presidente electo en las elecciones organizadas por los golpistas en Honduras, al señalar que Porfirio Lobo es el mejor posicionado para impulsar el regreso a la democracia. Daba gusto escuchar al doctor Insulza decir que cualquier solución a la crisis política hondureña pasaba por restaurar en la presidencia al derrocado presidente Manuel Zelaya, pero ahora, después de que Washington abandonó sin rubor a Zelaya, ha dicho que la llegada del nuevo gobierno es una realidad y que el presidente electo en unas elecciones que no fueron supervisadas por la OEA ni por ninguna otra institución internacional acreditada (Centro Carter, ONU, Unión Europea) constituye el mejor camino para el retorno de la democracia en Honduras. Es por eso que a casi 50 años de la expulsión del Cuba del seno de la OEA, ese organismo no ha podido recuperar credibilidad en América Latina, porque su misión se ha disminuido al sólo papel de ponerse donde el capitán lo vea.
