Página Dos

Cójanlo

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Al caso del limpiavidrios muerto por un conductor de un balazo en la cabeza hay que darle una lectura que conecte con la realidad. El suceso, ocurrido el sábado en la noche en la intersección de la Jiménez Moya con Sarasota, puede ser expresión tanto de abuso como de crispación.

 Este último elemento cobra más fuerza si se toman en cuenta los femenicidios, suicidios y la encrespada ola de violencia.

Al margen de las necedades de los limpiavidrios, se trata de muchachos que han encontrado en las calles su espacio y medio de sustento. Pero hay conductores que por una razón u otra no son todo lo tolerantes que se necesita para persuadir a los jóvenes de que no necesitan sus servicios.

Antes de dispararle, el conductor habría discutido acaloradamente con el limpiavidrios porque este insistió en lavar el cristal de su vehículo, pero antes su negativa se lo ensució y salió corriendo. Una persona con sus cabales, con su sangre fría, hubiera dejado pasar el incidente. Pero el conductor no se contuvo y le disparó. El suceso no puede interpretarse como un hecho aislado, sino que tiene que verse dentro del contexto que vive la sociedad dominicana.

El Nacional

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