El mercado binacional de Pedernales evidenció cuán vulnerable es la veda haitiana a la importación de huevos, pollos, plásticos y otras mercancías. Los productos fueron adquiridos libremente por comerciantes de la vecina República, que por supuesto sabían cómo introducirlos y revenderlos en su país.
La operación, que no es exclusiva del mercado de Pedernales, abre muchas interrogantes sobre la actitud de las autoridades y la retórica de productores sobre las restricciones del Gobierno a los artículos nacionales. Ya el ministro de Industria y Comercio, José del Castillo Saviñón, había declarado, como una suerte que los productos vedados seguían comercializándose en Haití.
Lo ocurrido en Pedernales puede dar lugar a que los haitianos aprieten todavía más controles que, a la larga, tendrían nefastas consecuencias para la producción nacional. Haití ha resultado el principal mercado para el país y la informalidad en el intercambio comercial es precisamente lo que quiere regular a través de las vedas que por estos lares solo han motivado cierto fervor patriótico, sin dar la cara al problema. Es por lo menos lo que se advierte.
