Así con su rostro angelical y su parsimonioso accionar, el papa Emérito Benedicto llegó a destituir a unos 400 curas pedófilos, lo que hace pensar que los expulsados serían mucho más si el pontífice no renuncia tan pronto al trono de Roma. Entre los años 2011 y 2012, Benedicto duplicó el número de sacerdotes expulsados por abusar sexualmente de niños entre 2008 y 2009, que ascendieron a 230. Es claro que Benedicto, que antes desempeñó la función de Guardián de la Fe, tenía la clara intención de limpiar la Iglesia de ese tipo de escoria, pero, por alguna razón, abdicó al papado. Su sucesor, Francisco, parece decidido también a afrontar el grave problema que para la Iglesia significa el creciente número de sacerdotes pedófilos.
En el caso del exnuncio papal en República Dominicana, acusado de abusos sexuales contra menores, el Vaticano dijo que será juzgado en tribunales canónicos y penales y dio seguridades de que sería castigado ejemplarmente. Falta, empero, que Francisco revele su lista de curas expulsados por la comisión de un crimen que tiene tinte de lesa humanidad.
