Duda razonable
El presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Roberto Rosario, ha rechazado que el tribunal carezca de la capacidad y confianza para garantizar unas elecciones diáfanas en 2016. Que desde ahora comience a dudarse del rol que pueda desempeñar la JCE genera inquietud, a pesar de las garantías de Rosario.
No ha de olvidarse que todavía se carece de una Ley de Partidos Políticos y que la reforma de la legislación electoral se ha quedado en los archivos de las cámaras legislativas. De ahí que, antes que entrar en polémicas lo prudente es despejar todos los elementos que puedan generar algún tipo de duda tanto en sectores de la oposición como de la población. Por más capacitada y comprometida que esté la JCE con la organización y celebración de un proceso diáfano. Más que declaraciones para reivindicar su ejercicio, el presidente de la JCE debería responder con ejemplos que eliminen cualquier suspicacia sobre su papel.
Máxime cuando no es solo sobre lo atinente al proceso que ha provocado reservas o cuestionamientos, sino en torno a otros aspectos. La garantía que ha invocado la dan las actuaciones, no declaraciones, sin olvidarse que no se ha hablado de asuntos personales, sino institucionales.
