Chivos sin ley
Sea por dueños de negocios y hasta por simples “parqueadores” los espacios públicos han sido privatizados sin que las autoridades siquiera se den por aludidas.
En las calles no se respeta nada y la gente tiene, frente al desorden, que vivir a la defensiva.
Y, ¡vaya paradoja!, cuando se trata de ejercer la autoridad es precisamente contra los ciudadanos que observan mejor comportamiento.
En el tránsito la temeridad y el tigueraje hacen ola. Y la bonita es que existe una caterva de entidades públicas para velar por el orden.
Dondequiera se improvisa un tarantín y los motoristas y tricicleros se desplazan a su antojo y detienen donde les parezca. La Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) está revestida de múltiples funciones, pero su preocupación se limita al control de las intersecciones en sustitución de los semáforos.
La intervención, como si fuera lo que en verdad se deseara, es una contribución con ese caos que convierte la ciudad en una sabana de chivos sin ley. Se coordinan muchísimas acciones para imponer el orden y el respeto, pero su cumplimiento no pasa de un par de días.
El panorama de las calles de Santo Domingo resulta simplemente infernal.

