Congreso de lujo
El denominado “Congreso para el progreso” con que cuenta República Dominicana resulta uno de los más caros de la región. Y si se evalúan sus acciones no cabe la menor duda de que estará entre los más privilegiados, pero también más deficientes. El Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES) encontró que entre 18 naciones de América Latina, República Dominicana figura, con 1.17%, entre los que tienen mayores gastos legislativos.
Pero este país se permite el lujo de ser el quinto de la región con mayor número de legisladores, a pesar de contar con unos 10 millones de habitantes. Si se desglosan los privilegios de senadores y diputados puede darse por descontado que en ese renglón nadie les disputa el primer lugar a los congresistas nacionales.
Y como si fuera poco todavía se plantea la creación de nuevas demarcaciones con más senadores y diputados. En una nación con tantas necesidades acumuladas las estadísticas del CREES deben servir para reflexionar sobre la función y el gasto legislativo. Máxime tratándose de un poder que nada importante tiene que exhibir y que antepone lo personal y político al interés colectivo.

