Al rojo vivo
La crisis fronteriza de Colombia y Venezuela no solo se internacionaliza, con sus lógicos componentes políticos, sino que ha generado, entre otros conflictos, una fuerte confrontación entre el Gobierno de Nicolás de Maduro y la Unión Europea. A través de su Servicio de Acción Exterior, Europa advirtió que el cierre del paso fronterizo y el desplazamiento forzado de miles de colombianos podían constituir un riesgo humanitario en materia de seguridad y estabilidad para la zona.
Y llamó a evitar una mayor escalada y encontrar soluciones aceptables, con respeto a los derechos humanos y garantías para el bienestar de la población. Pero el Gobierno de Venezuela, como si esperara la intervención, les entró a las dos manos a los europeos. Los calificó de “inmoral” e “hipócrita”, al tiempo de recriminarles su intromisión en asuntos bilaterales.
En tanto se pone color de hormigas, Maduro, que está en una visita oficial en Vietnam, está decidido a manejar el conflicto fronterizo conforme a las leyes venezolanas, sin importarle la intervención de organismos foráneos. Con los ingredientes que la atizan la crisis va camino de ponerse al rojo vivo.

