Exceso policías
El arresto y la agresión física por tres agentes de la Policía del fotorreportero Pedro Sosa cuando cubría un proceso por drogas en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva es una acción repudiable, propia de un pasado colmado por la intolerancia, que definitivamente se tiene que superar.
Sosa, del periódico Hoy, tomaba fotos de la conducción de los ocho imputados en un supuesto alijo de 758 kilos de cocaína, a quienes se les había impuesto medidas de coerción, cuando fue empujado y detenido, como si hubiese incurrido en un delito o violado un secreto de Estado, por los policías.
No se sabe si la actitud era en protección a los imputados, pero sí que tales brutalidades, que es preferible identificar como casos aislados, son nubarrones que ensombrecen el horizonte en torno al ejercicio periodístico. Es obvio que el incidente no puede quedarse sin sancionar a los responsables de la brutalidad. Pero el caso debe servir para tomar acciones a fin de evitar que se coarte la libertad de prensa. Sosa no incurrió en ninguna violación que pudiera motivar la intervención de los agentes. Solo cumplía con su misión de reportero gráfico al tomar fotos de procesados por un caso de narcotráfico.

