No más secretos
Suiza, que tuvo en el secreto bancario la principal fuente de su desarrollo y prosperidad económica, se despide definitivamente de esa práctica.
La nación helvética, con un 25% del patrimonio extranjero depositado en 266 bancos con que cuenta, dejará de ocultar la identidad de los propietarios de fortunas bien y mal habidas. La decisión fue resultado de acuerdos y la presión internacional.
Eran muchos los beneficios que obtenía Suiza ocultando identidades para desprenderse por amor al arte del opulento negocio. Pero ha tenido que acogerse a las normas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, a fin de no perder la plaza financiera internacional según el acuerdo que suscribió con la Unión Europea.
En lo adelante tendrá que comenzar a intercambiar información sobre las cuentas bancarias. El caso envía un mensaje muy claro: cuando hay intereses de por medio todo se puede.
Suiza había encontrado siempre la manera de conservar el secreto de sus bancos para captar capitales de todos los confines. Pero la cruzada contra la corrupción y el blanqueo de dinero, a la que se sumó hasta el Vaticano, determinó que se sumara al movimiento o terminara por aislarse. Prefirió no guardar más secretos.
