Página Dos

Cójanlo

Cójanlo

La de nunca acabar

 

Sería una inocentada de las autoridades dominicanas reducir conflictos comerciales con Haití, como el relativo a la veda para ingresar productos alimenticios adquiridos en el mercado binacional de Dajabón, a maniobras de comerciantes de la vecina República. La restricción es la punta de un malestar más profundo, que apenaría muchísimo que por aquí no se entendiera o minimizara.

En el comercio del Noroeste, que tiene en las operaciones del mercado de Dajabón el epicentro de su dinamismo, las restricciones tienen un efecto devastador.

Lo que da vida a la zona es el intercambio comercial entre ciudadanos de ambos países. Desde que se originó el problema las autoridades dominicanas han debido abocarse a una solución real y no mediática.

Si los haitianos no pueden ingresar los productos que adquieren aquí, entonces nada hacen con comprarlos. Es elemental. Con la nueva prohibición el tiempo se ha ocupado de demostrar que no se trata de un problema particular de comerciantes haitianos que asumirían las importaciones como competencia para sus ventas, sino de raíces más profundas, que comprometen al gobierno de Jovenel Moïse.

El Nacional

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