Los cadáveres de un policía y de un civil encontrados descuartizados en las últimas horas en basureros de Santo Domingo Este representa un dramático alerta sobre otra posible modalidad de la criminalidad y la delincuencia que azota a la nación.
Las muertes del agente Adonis Vladimir Martínez, de 25 años de edad, y de José Hernández Castillo, puede tener diferentes interpretaciones. Pero en ambos casos se trata de crímenes conmovedores, que claman las sanciones contempladas en las leyes.
El cuerpo de Martínez, quien residía en La Victoria y además laboraba en una planta de gas propano, fue encontrado el sábado en un basurero del sector Invivienda.
Todavía consternada por la brutalidad que exhibía el cuerpo, la gente fue estremecida con el hallazgo ayer domingo del cuerpo de Hernández Castillo, quien residía en Matas los Indios, de Villa Mella. Tenía el rostro desfigurado y presentaba un impacto de bala en el abdomen.
Por las características se infiere que Martínez y Hernández Castillo fueron torturados y la decisión de esparcir sus restos en basureros envía un mensaje. Muy tenebroso, por cierto.
Tienen las autoridades que determinar si el policía y Hernández Castillo fueron víctimas de algún escuadrón de la muerte. Nada se puede descartar ni tampoco olvidar que el fiscal del Distrito Nacional, Alejandro Moscoso, ha dicho que los sicarios son una realidad en el país.
Si los crímenes, atracos y la delincuencia callejera tienen en vilo a la población, muertes tan horrendas como la del policía y el civil ocurridas el fin de semana ponen un toque más dramático al ambiente.
