Tras sobrevivir a un primer intento de destitución, el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, sigue en la cuerda floja.
Frente a una moción del bloque de izquierda Nuevo Perú para enjuiciarlo por otros supuestos vínculos con el consorcio Odebrecht, su suerte dependerá de la posición que asuma mañana martes el partido fujimorista Fuerza Popular.
La decisión ha creado expectativas, sobre todo por el comentario del vocero de los legisladores fujimoristas, Daniel Salaverry, en el sentido de que su partido tiene la certeza de que Kuczynski “está inmerso en evidentes casos de corrupción”.
Al indicar que su agrupación no va a avalar un presidente corrupto, Salaverry advirtió que los congresistas harían mal en ponerse una venda en los ojos “y en permitir que un presidente con serios cuestionamientos continúe al frente del país”.
La propuesta para destituir a Kuczynski por “permanente incapacidad moral” estaría sustentada en un reporte que el Banco de Crédito de Perú entregó a la Fiscalía y a la Unidad de Inteligencia Financiera con más de 140 movimientos bancarios del gobernante. Las perspectivas son inciertas para un mandatario de nuevo acorralado.

