Página Dos

Cójanlo

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El Tío y Nicaragua

De la sangrienta crisis que sacude a Nicaragua, Estados Unidos debería mantenerse lo más alejado posible. Lo que menos necesitan los nicaragüenses que han tomado la calle en demanda de libertad y democracia es algún tipo de aliento del Tío Sam.

Antes que aportar, por ese pasado de agresión e intervención militar en la nación centroamericana, resta que Washington haga causa con el movimiento popular que responsabiliza al presidente Daniel Ortega de la represión que desde abril a la fecha ha provocado la muerte de más de 350 personas.

Los nicaragüenses no se olvidan de las atrocidades del aventurero William Walker, el derrocamiento de José Santos Zelaya ni el asesinato de Augusto César Sandino ordenada por un oficial bajo su tutela como Anastasio Somoza (Tacho).

Puede dar lugar a indignación que con ese pasado tan ominoso Estados Unidos quiera dar lecciones de democracia o de moral en una nación que ha sido víctima de sus abusos. La crisis de Nicaragua es, además, un problema de los nicaragüenses. Con las sanciones a civiles y militares sospechosos de corrupción y represión contra la población es más que suficiente.

El Nacional

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