Amarga experiencia
Desde que fue instituido en 1982, el Desfile Dominicano en Nueva York, la expresión más aglutinadora de la comunidad criolla en el exterior, no había sido sacudido por una crisis de tanta envergadura como la que se presentó este año.
Siempre ha habido celos y hasta intimidaciones para evitar que el partidismo político contamine el evento en el que la bandera y el escudo dominicanos simbolizan los sentimientos nacionales, pero los conflictos de este año alcanzaron un matiz perturbador.
Irrumpieron con la elección de una madrina que residentes en Nueva York la objetaron de inmediato por su supuesto origen haitiano. A seguidas se agregó la protesta por la invitación a grupos haitianos.
Fueron tantos los conflictos que por primera vez la parada no contó con el masivo respaldo de otros tiempos de la comunidad dominicana en Nueva York. La invitación a grupos haitianos fue un desliz de los organizadores en vista de los recelos que todavía persisten entre nacionales de ambos países.
El fracaso de la actividad debe servir de experiencia a los organizadores para no confundir el sentimiento patrio.

