Haber ganado el primer debate con el presidente Barack Obama representa un respiro para el candidato republicano Mitt Romney. Sin embargo, el paso no ha sido tan largo como para producir ese golpe de efecto que necesita el multimillonario para alcanzar en la preferencia de los efectos al candidato a la reelección. La victoria de Romney ha sido en lenguaje corporal, que no es más que los gestos que caracterizan a cada uno de los postulantes en los debates. Pero el asunto no es de gestos, sino de conectar con los electores a través de muchos otros factores que inspiran confianza. A prácticamente un mes para las votaciones del 6 de noviembre, el candidato republicano tendría que ganar los próximos dos debates y contar con un golpe de suerte para disputar con más probabilidades de éxito las elecciones a Obama. Porque, pese a su triunfo en el primer debate, el actual gobernante no ha bajado ni un ápice su popularidad en importantes comunidades de votantes. No significa que tenga la victoria en sus manos, pero todavía los vientos soplan a su favor. Por supuesto, tampoco es como para fiarse o dormirse en sus laureles. Cualquier cosa puede pasar.
