Se recibe como un buen gesto, el del vicepresidente Rafal Alburquerque, de solicitar una licencia como coordinador del Gabinete de Política Social y de Responsable del Programa de Solidaridad para dedicarse a promover sus aspiraciones a ostentar la candidatura presidencial del PLD. Ocurre, sin embargo, que su condición de segundo mandatario no es posible delegarla, por lo que en ese aspecto parecería disponer de alguna ventaja sobre sus competidores al interior del partido morado. La verdad es que todos los aspirantes a la candidatura peledeista, con excepción de los licenciados Danilo Medina y Francisco Domínguez Brito, desempeñan altos cargos en el Gobierno, y ninguno expresan la más mínima intención de tomar una licencia. Muy bueno sería que todos esos aspirantes se alejen del Gobierno y de las cajas chicas para que compitan entre sí de tú a tú, y para que no haya riesgo de que los dineros del contribuyentes se usen en asuntos políticos personales. Falta saber si el presidente Leonel Fernández decide ir o no ir, en la seguridad de que de ninguna manera tomará licencia.
