En lo que va de año sólo en Santiago la criminalidad había cobrado la vida de 185 personas. Tan aterrador como el volumen resulta que la tasa de muertes violentas, incluyendo feminicidios, se haya mantenido, según la Fundación Vanessa, en una proporción de 25 por cada 100 mil habitantes.
Además de los altos niveles de inseguridad ciudadana, crea más espanto en la población la saña y la impunidad que han caracterizado muchos crímenes.
Hoy por hoy el temor se ha convertido en una de las notas más características de la ciudadanía en su relación con el medio. La gente está que no se expone a ninguna situación que pueda tornarla en víctima de un atraco, un asalto o hasta un asesinato, como ocurrió en 2006 con la estudiante de Medicina Vanessa Ramírez para despojarla de un celular.
El balance de la fundación que preside Juan Ramírez representa una contribución sobre los niveles de inseguridad que priman en la población. Que una persona muera cada 48 horas a causa de la violencia callejera no sólo es alarmante, sino que indica que son muchas las cosas que no andan bien en la nación. Sin que nadie se llame a engaño.

